IV
La ceremonia

  Hoy es domingo y voy hacia Shambala, cuando llego, la puerta que me recibe es de grandes dimensiones, la miro extrañado por si me he equivocado de camino...

  Oigo ruidos dentro y me asomo. Su interior está en penumbra, nunca había observado obscuridad en Shambala antes. Por si acaso no estoy en el lugar adecuado, llamo a mi guía dos veces....
- ¡Ananda, Ananda!...

  Entonces aparece en la puerta, su semblante está mas serio que de costumbre, me pide silencio poniendo el dedo índice sobre sus labios y entramos juntos en la sala.

  El lugar tiene una atmósfera parecida a las iglesias católicas, el techo es cóncavo y tiene unos dibujos extraños, muy cósmicos, como circunferencias que se interpolan. La gente está colocada en hileras y la mayoría son de razas diferentes mezcladas.

  Todos repiten un mismo mantra, es un mantra muy profundo y silencioso, parecido  en sus ritmos al tibetano de la compasión - “ Om-mani-padme-hung”, y la atmósfera se siente perfumada con un tipo desconocido para mi de incienso o perfume.

  Ananda y yo nos colocamos en una de las hileras de la parte de atrás y nos unimos a las oraciones. Entonces me doy cuenta de que hay un sacerdote dirigiendo la ceremonia, es un hombre mayor de raza blanca, delgado, con ojos azules y pelo blanco y lacio. Lleva puesto un traje de ceremonia de color verde con oro y es bastante alto.

  Tiene entre sus manos, como una cruz rodeada por un aro circular, que tiene cuatro esferas de cristal colocadas en los cuatro puntos cardinales y una estrella de seis puntas en el centro.

  El sacerdote levanta este extraño cetro y de la estrella plateada emerge una luz blanca muy potente. Encima de él, por un momento aparecen siete esferas que lucen con los colores del arco-iris y se colocan en una hilera vertical que me recuerda a los siete chacras del ser humano... La luz blanca se va incrementando y de la estrella salen multitud de rayos blancos que vienen hacia cada uno de nosotros... el resplandor es muy intenso, casi cegador.

  Y estando rodeados de esa luz blanca, ocurre un tremendo fogonazo y salimos todos expulsados hacia el espacio, dentro de la luz. Es como si fuese una nave que transporta seres con consciencia  transformados en energía lumínica.
  Viajamos por el universo, entre las galaxias, a lo lejos visualice una estrella resplandeciente que brillaba mas que las demás y nos dirigimos hacia ella.

  Nos quedamos flotando en la luz cerca de esa estrella maravillosa, entonces veo como otra nave de luz surge de ella y viene hacia nosotros, y penetra en nuestro espacio formando una unidad...Así vamos recogiendo seres de un lugar a otro como en el autobús del colegio que nos venía a buscar por las mañanas.

  La nave lumínica a medida que va recogiendo congregaciones por el espacio, va generando un dibujo muy antiguo con su trayectoria en el cosmos...

  Llegamos al final del recorrido y somos muchos seres suspendidos en el espacio por la luz de la ceremonia dentro de la misma nave. Siento en mi interior, en todo mi ser, como una fuerza magnética nos atrae, arrastrándonos hacia una gigantesca bola de luz brillante. Su color es luz dorada y se mueve con vida propia.
 
  
 
  Así como el agua desciende hacia el agua, todos nos integramos con gran armonía en esa gran bola enorme de luz dorada y nos deshacemos en partículas de luz en su interior.

  Así, en ese silencio místico y maravilloso, dejé a mi persona descansar y disolverse. En un estado de compartir con los otros mi ser...y un pensamiento me vino a la mente, me di cuenta de que,
“Algo de mi está en todas partes”...

La luz dorada me rodea
Mi corazón se siente acompañado
Me disuelvo en la llama divina
Y penetro en el regazo de la Madre

Son sueños de sueños
Es la paz del origen
Abriendo  mí ser humano
A dimensiones mas elevadas...

Es la integración
Que vive la desintegración

Es la sagrada luz dorada
Que habita en el Amor Divino
Donde descanso mi alma
Y encuentro mi verdadero sueño...

 

  En ese estado de plenitud, nos quedamos todos, un tiempo muy largo, flotando en la luz dorada, hasta que mis estrellas comenzaron a agruparse una con otra, formando mí ser original. Lo mismo les sucedió a los otros seres que estaban conmigo.

  Cuando terminamos el proceso de integración, todas las congregaciones emergimos de la bola de luz e hicimos el camino de vuelta, acompañando a cada grupo a su lugar de procedencia, hasta que llegamos al Shambala del planeta tierra.
  Terminó la ceremonia en la extraña iglesia y Ananda me acompañó hasta la puerta y mirándome a los ojos me dijo:

El amor está en todas partes

  Me sorprendió la similitud de su frase y la mía...me fui caminando hacia mi casa despacito, con paz en el corazón y una sonrisa en mi rostro...